Estoy cansada de estar dividida en el interior de esta manera. Como si una tijera me cortara en dos todo el tiempo.
Me quiero ir, me quiero quedar. Quiero correr, me quiero acostar. Quiero pelear, quiero esconderme abajo de la cama. Quiero ponerle garra, quiero llorar. Y así con casi todo.
Y en general, la parte depresiva suele salir ganando. Es más fuerte, o más fácil, o más conocida... Pero, es hora de parar. Tengo gente que me pone límites, yo pierdo la noción del tiempo.
Pero, estuve meses escondida del mundo y no logré reponerme. Nunca voy a juntar todas mis partes, nunca me alcanza el pegamento para armarme de nuevo... No voy a poder. Las grietas en mí están ahí, como cicatrices marcadas a fuego, no van a irse a ninguna parte.
A veces hay que sobreponerse. Así nada más.
Así que voy a dejar de pretender que soy un avestruz. Voy a desenterrar mi cabeza de la tierra, voy a sacudirme y voy a intentar subirme al tren de la vida otra vez.
miércoles 29 de febrero de 2012
domingo 26 de febrero de 2012
Pasado no tan pisado.
De la nada me acordé de hace unos años atrás, cuando ocurrió uno de los grandes sucesos de mi vida. Una de las pocas veces en que todo estuvo en mis manos, planeado, diseñado, ejecutado por mí. (Y salió mal, como suele suceder.)
No sé como hice para armar todo tan sigilosamente y no decirle nada a nadie. Supongo que soy buena guardando secretos, sencillamente. Pero, a veces, hay cosas que te incitan a dejarlas salir... Esa vez, era una de esas cosas la que estaba en juego, pero yo la callé.
Tenía un cofrecito verde muy bonito. Estaba en mi poder, y lo llené con todas las pastillas que tenía a mi alcance, lo guardé en algún lugar de la casa, que sinceramente, ya no recuerdo. Después, conté las pastillas meticulosamente. No parecían demasiadas. Durante algún tiempo, quizá días, quizá semanas, fui comprando pacientemente más tranquilizantes y los fui adjuntando, hasta que llegué a un número que consideré adecuado. (Era la segunda vez que hacía lo mismo, y había prácticamente, triplicado la dosis respecto de la primera vez.)
Y aquí, debo decir que es verdad eso que dicen por ahí, que cuando tenés todo listo, te da una sensación de paz. Y es así: cuando tenés la certeza de que vas a morir, de que se acaba todo, el peso de tu espalda desaparece sin más. (Obviamente, tiene que ver también, con la gran dosis de egoísmo de la que constás, que te incapacita de pensar en los demás, y de que el peso que se va de vos, se transfiere a ellos -aunque sea, momentáneamente- pero lo hace.)
Elegí el día, elegí la hora. Estaba todo calculado. Con una frialdad total, me metí en mi cama, me tapé, dejé el libro que estaba leyendo (¿qué importaba cómo terminaba?), abrí el cofrecito y tragué todo su contenido. Y ahí se acababa todo, no tenía miedo. Como nunca, no sentía temor...
Hay que estar mal. Y, años después, soy considerada como un individuo "funcional" que tiene que cumplir con sus obligaciones y vivir la vida de una manera "normal". Curioso. Está bien igual, no creo que sea agradable tener que vivir con un estigma de loco encima toda la vida. Pero... tiene que haber un límite. Es decir, por más que lo tapamos, lo ahogamos, lo callamos, lo negamos, lo olvidamos... Eso pasó. Yo hice eso. Y todos los que lo saben, parecen querer hacer de cuenta que no fue así.
Entiendo que fue hace mucho tiempo y que no se puede tener eso en mente cada vez que se habla conmigo o de mí, pero no se lo puede hacer desaparecer... Los que lo sabemos, no deberíamos.
Y lo que me queda siempre en la mente, es una duda. La duda de si alguna vez dejás de ser lo que en algún momento fuiste... ¿Yo fui suicida? ¿Sólo porque seguí viviendo dejé de serlo? Aunque en el presente no tenga pensado matarme, ¿lo sigo siendo?
No sé si hay cosas que podés sacar de vos así como así.
No sé si hay cosas que te definen por un tiempo y después podés alejar de vos como si nunca hubieran ocurrido... O si es posible volver atrás después de cruzar ciertas barreras.
No sé como hice para armar todo tan sigilosamente y no decirle nada a nadie. Supongo que soy buena guardando secretos, sencillamente. Pero, a veces, hay cosas que te incitan a dejarlas salir... Esa vez, era una de esas cosas la que estaba en juego, pero yo la callé.
Tenía un cofrecito verde muy bonito. Estaba en mi poder, y lo llené con todas las pastillas que tenía a mi alcance, lo guardé en algún lugar de la casa, que sinceramente, ya no recuerdo. Después, conté las pastillas meticulosamente. No parecían demasiadas. Durante algún tiempo, quizá días, quizá semanas, fui comprando pacientemente más tranquilizantes y los fui adjuntando, hasta que llegué a un número que consideré adecuado. (Era la segunda vez que hacía lo mismo, y había prácticamente, triplicado la dosis respecto de la primera vez.)
Y aquí, debo decir que es verdad eso que dicen por ahí, que cuando tenés todo listo, te da una sensación de paz. Y es así: cuando tenés la certeza de que vas a morir, de que se acaba todo, el peso de tu espalda desaparece sin más. (Obviamente, tiene que ver también, con la gran dosis de egoísmo de la que constás, que te incapacita de pensar en los demás, y de que el peso que se va de vos, se transfiere a ellos -aunque sea, momentáneamente- pero lo hace.)
Elegí el día, elegí la hora. Estaba todo calculado. Con una frialdad total, me metí en mi cama, me tapé, dejé el libro que estaba leyendo (¿qué importaba cómo terminaba?), abrí el cofrecito y tragué todo su contenido. Y ahí se acababa todo, no tenía miedo. Como nunca, no sentía temor...
Hay que estar mal. Y, años después, soy considerada como un individuo "funcional" que tiene que cumplir con sus obligaciones y vivir la vida de una manera "normal". Curioso. Está bien igual, no creo que sea agradable tener que vivir con un estigma de loco encima toda la vida. Pero... tiene que haber un límite. Es decir, por más que lo tapamos, lo ahogamos, lo callamos, lo negamos, lo olvidamos... Eso pasó. Yo hice eso. Y todos los que lo saben, parecen querer hacer de cuenta que no fue así.
Entiendo que fue hace mucho tiempo y que no se puede tener eso en mente cada vez que se habla conmigo o de mí, pero no se lo puede hacer desaparecer... Los que lo sabemos, no deberíamos.
Y lo que me queda siempre en la mente, es una duda. La duda de si alguna vez dejás de ser lo que en algún momento fuiste... ¿Yo fui suicida? ¿Sólo porque seguí viviendo dejé de serlo? Aunque en el presente no tenga pensado matarme, ¿lo sigo siendo?
No sé si hay cosas que podés sacar de vos así como así.
No sé si hay cosas que te definen por un tiempo y después podés alejar de vos como si nunca hubieran ocurrido... O si es posible volver atrás después de cruzar ciertas barreras.
jueves 23 de febrero de 2012
Broken inside.
Y siempre tengo esa esperanza idiota. Chiquita, adormilada pizca de esperanza. Espero que vengás un día y me digás que lo pensaste, que averigüaste, que vas a hacer algo, que todo va a cambiar ahora.
Espero el día en que por fin juntés fuerzas, que hagás el escudo que nunca antes te armaste. Que cumplás el papel de madre que defiende a sus hijos, que la pelea por ellos, como nunca antes lo hiciste. Seré pelotuda.
No lo hiciste cuando fui una nena, ni una adolescente. No lo hiciste nunca, ni lo harás. Nunca ocupaste el lugar que te correspondía, siempre apañada en otros, siempre dependiente de los demás. Y así vas a ser siempre.
Y la verdad, si soy sincera, yo ya no tengo edad para que me pongás bajo tu ala y me protejás... Soy grande, tengo que valerme por mí misma y salir de acá como pueda y mientras pueda.
Pero hay heridas que no se cierran nunca, cortes que no paran de sangrar. Espinas de dolor, de enojo, de arrepentimiento, de miedo en mi corazón. Amargura en mi alma. Una nube negra encima de mi cabeza. Sombras que me tapan casi entera.
Y de alguna manera... te sigo esperando. Te espero a vos y a otras cosas, espero un viento que haga pasar las páginas incompletas en mi vida, que las pase a todas y las deje atrás... Y quizá así podría empezar de nuevo...
Espero el día en que por fin juntés fuerzas, que hagás el escudo que nunca antes te armaste. Que cumplás el papel de madre que defiende a sus hijos, que la pelea por ellos, como nunca antes lo hiciste. Seré pelotuda.
No lo hiciste cuando fui una nena, ni una adolescente. No lo hiciste nunca, ni lo harás. Nunca ocupaste el lugar que te correspondía, siempre apañada en otros, siempre dependiente de los demás. Y así vas a ser siempre.
Y la verdad, si soy sincera, yo ya no tengo edad para que me pongás bajo tu ala y me protejás... Soy grande, tengo que valerme por mí misma y salir de acá como pueda y mientras pueda.
Pero hay heridas que no se cierran nunca, cortes que no paran de sangrar. Espinas de dolor, de enojo, de arrepentimiento, de miedo en mi corazón. Amargura en mi alma. Una nube negra encima de mi cabeza. Sombras que me tapan casi entera.
Y de alguna manera... te sigo esperando. Te espero a vos y a otras cosas, espero un viento que haga pasar las páginas incompletas en mi vida, que las pase a todas y las deje atrás... Y quizá así podría empezar de nuevo...
miércoles 22 de febrero de 2012
Tiene que haber algo mejor.
Me ponés mal... Es inevitable, te quiero, sos mi mamá, pero es que tenés esa capacidad. Me molesta demasiado cómo te comportás, como sos capaz de exigir tanto de los demás, de echarle la culpa a todo el mundo, de enojarte con todos, de quejarte de todo, y a vos no se te puede reprochar nada o armás un terrible quilombo. Y gritás y maltratás.
En serio, ¿cómo podés ser tan incapaz de valorar el esfuerzo ajeno? ¿Por qué no podés mostrar un poco de entusiasmo? ¿Por qué si podés quejarte cuando todo está mal pero no decir algo bueno cuando las cosas están bien?
¿Por qué sos así? ¿Por qué desvalorizás tanto a los que te rodean? ¿Por qué todo lo que te dicen te entra por una oreja y te sale por la otra cuando te conviene? ¿Y lo que te conviene, lo guardás por siglos y siglos y lo reproducís cuanta vez se te cante?
No entiendo. Ya estoy grande, bastante grande... Debería entender que no vivo para conformarte. Debería dejar de estar tan pendiente de tu opinión, de tu crítica. Tendría que haber aprendido a elegir lo que me guste a mí, como y cuando lo quiera yo, y aguantar de pie cuando vengás con la ametralladora... Pero no puedo.
No sé qué me pasa, me siento tan enojada. Con vos, con todos acá. Como antes, como hace unos años... Pero, a diferencia de antes, me quedé sin fuerzas. No puedo pelearla más.
Cada vez que pasa algo, cada vez que me apuntás, siento que me muero un poquito.
No sé cómo explicar esto, quiero ser un poquitito de basura, de polvo y pelusa amontonado en un rincón, quiero ser nada y no molestar; y no me dejás. Me obligás a ser más, a hacer más, a poder más. Cuando intento hacer eso, no es suficiente para vos... Y me hacés sentir como ese montoncito de nada ensuciándote el zapato e interrumpiéndote el paso cuando intentás caminar, pero querés que me mantenga entera a la vez y no puedo. Juro que no puedo.
Nunca voy a salir de esto. Siempre supe que era un círculo vicioso, pero creí que me había bajado ya... Ilusa de mí, sólo estuve esperando a que la calesita empiece la siguiente vuelta... Era un lapso, un corte, todo iba a volver.
No sé qué hacer. No sé qué hacer. No sé qué hacer. No sé qué hacer. No sé qué hacer. No sé qué hacer.
En serio, ¿cómo podés ser tan incapaz de valorar el esfuerzo ajeno? ¿Por qué no podés mostrar un poco de entusiasmo? ¿Por qué si podés quejarte cuando todo está mal pero no decir algo bueno cuando las cosas están bien?
¿Por qué sos así? ¿Por qué desvalorizás tanto a los que te rodean? ¿Por qué todo lo que te dicen te entra por una oreja y te sale por la otra cuando te conviene? ¿Y lo que te conviene, lo guardás por siglos y siglos y lo reproducís cuanta vez se te cante?
No entiendo. Ya estoy grande, bastante grande... Debería entender que no vivo para conformarte. Debería dejar de estar tan pendiente de tu opinión, de tu crítica. Tendría que haber aprendido a elegir lo que me guste a mí, como y cuando lo quiera yo, y aguantar de pie cuando vengás con la ametralladora... Pero no puedo.
No sé qué me pasa, me siento tan enojada. Con vos, con todos acá. Como antes, como hace unos años... Pero, a diferencia de antes, me quedé sin fuerzas. No puedo pelearla más.
Cada vez que pasa algo, cada vez que me apuntás, siento que me muero un poquito.
No sé cómo explicar esto, quiero ser un poquitito de basura, de polvo y pelusa amontonado en un rincón, quiero ser nada y no molestar; y no me dejás. Me obligás a ser más, a hacer más, a poder más. Cuando intento hacer eso, no es suficiente para vos... Y me hacés sentir como ese montoncito de nada ensuciándote el zapato e interrumpiéndote el paso cuando intentás caminar, pero querés que me mantenga entera a la vez y no puedo. Juro que no puedo.
Nunca voy a salir de esto. Siempre supe que era un círculo vicioso, pero creí que me había bajado ya... Ilusa de mí, sólo estuve esperando a que la calesita empiece la siguiente vuelta... Era un lapso, un corte, todo iba a volver.
No sé qué hacer. No sé qué hacer. No sé qué hacer. No sé qué hacer. No sé qué hacer. No sé qué hacer.
viernes 17 de febrero de 2012
Dos caras de la misma moneda.
Sos la persona que más me ama, y la que mejor me odia. Me decís las peores cosas SIN MISERICORDIA alguna de mí, desde que soy una chica que sos así; y te da por las pelotas el efecto que eso causa en mí.
Yo trato de ignorarte y te miro como si no me importara, pero, en el fondo, no puedo evitar que me duela.
A veces, lo peor de todo es que en teoría vos deberías ser mi refugio del mundo, el lugar donde debería poder sentirme tranquila, segura... Pero no es así. Sos mi pequeño reflejo de toda la dureza que hay afuera, cada vez que siquiera atino a resbalarame, sos la primera en juzgarme. La primera, la que me dice todo, de la manera más cruda, más fuerte, más literal. Me mirás a los ojos y me apuñalás, me caigo en pedazos adelante tuyo y hundís un poco más el cuchillo.
Me lastima, sí, a pesar de todos estos años, a pesar de que ya esté acostumbrada a esto; pero al mismo tiempo, creo que está bien, vos me hacés saber lo despiadado que es el mundo, me hacés entender cómo funcionan las cosas, cómo las personas se desfenestran las unas a las otras, sos la luz de la realidad horrible que hay detrás de estas paredes donde tanto me gusta resguardarme; y está bien, porque necesito un poco de realidad siempre, porque no me tengo de olvidar de la crueldad que me rodea.
Y, como siempre, inevitablemente me persiguen las ironías, sos a la vez, para muchas cosas, lo único que tengo -porque sí, tengo amigos que amo y me aman, pocos pero los tengo-, pero la realidad es que si mañana no me puedo levantar de la cama, la única que me va a alcanzar los remedios y va a traerme una taza de té, vas a ser vos.
Yo trato de ignorarte y te miro como si no me importara, pero, en el fondo, no puedo evitar que me duela.
A veces, lo peor de todo es que en teoría vos deberías ser mi refugio del mundo, el lugar donde debería poder sentirme tranquila, segura... Pero no es así. Sos mi pequeño reflejo de toda la dureza que hay afuera, cada vez que siquiera atino a resbalarame, sos la primera en juzgarme. La primera, la que me dice todo, de la manera más cruda, más fuerte, más literal. Me mirás a los ojos y me apuñalás, me caigo en pedazos adelante tuyo y hundís un poco más el cuchillo.
Me lastima, sí, a pesar de todos estos años, a pesar de que ya esté acostumbrada a esto; pero al mismo tiempo, creo que está bien, vos me hacés saber lo despiadado que es el mundo, me hacés entender cómo funcionan las cosas, cómo las personas se desfenestran las unas a las otras, sos la luz de la realidad horrible que hay detrás de estas paredes donde tanto me gusta resguardarme; y está bien, porque necesito un poco de realidad siempre, porque no me tengo de olvidar de la crueldad que me rodea.
Y, como siempre, inevitablemente me persiguen las ironías, sos a la vez, para muchas cosas, lo único que tengo -porque sí, tengo amigos que amo y me aman, pocos pero los tengo-, pero la realidad es que si mañana no me puedo levantar de la cama, la única que me va a alcanzar los remedios y va a traerme una taza de té, vas a ser vos.
martes 14 de febrero de 2012
But there's still rage inside
Y hoy me di cuenta, de que volvió la ira. Porque antes, cuando tenía 16, 17, estaba muy enojada, odiaba al mundo entero, incluída yo. Pero después, la bronca se fue desvaneciendo, dejando paso a la pena, a la justificación, a la auto-culpa, a auto-responsabilizarse por todo. Y un día, ya no había ni por qué estar enojado, si nadie había hecho nada malo, si todo lo que estaba fallando, era a causa de mí.
Pero hace un rato, la furia volvió con fuerza, como si hubiera estado durmiendo todo este tiempo, como si nunca se hubiera ido... Lo malo es que yo ya transité por este camino, y nunca me llevó a ningún buen destino.
Pero hace un rato, la furia volvió con fuerza, como si hubiera estado durmiendo todo este tiempo, como si nunca se hubiera ido... Lo malo es que yo ya transité por este camino, y nunca me llevó a ningún buen destino.
Mi corazón NO vomita su verdad.
¿Y sabés por qué no se arman más quilombos acá? No porque no esté en desacuerdo con vos casi todo el día, no porque no te deteste cuando das órdenes desde tu "trono" de madera torcido, con tu corona de prepotencia, no es por éso. Es justamente, porque me controlo, porque tratamos de controlarnos. Porque agarramos el salero y lo apretamos, porque nos miramos entre nosotros y nos hacemos callar, porque hacemos de cuenta que no te escuchamos o que nos interesa la sarta de pelotudeces que dicen los de la tele, por éso. Sumándole también, que por suerte, no te vemos en casi todo el día. Las comidas son lo peor siempre, porque tenemos que soportarte. Porque, somos los lacayos pobres a los que no les queda otra que aguantarte, porque si tuvieran otra, ciertamente, no te bancarían una mierda, por eso supongo también que no nos das "otra", porque necesitás a tus esclavos para ejercer tu "poder" o sino, ese poder no tiene sentido. Nos necesitás para sentirte superior, por eso es.
Pero, después de la comida, cada quien agarra su rumbo y todo se resume a palabras monosilábicas que intercambiamos con vos, y nada más.
Igual, casi me causa gracia ahora, (que paré de llorar) como ante mis idiotizados ojos se revelan un par de verdades. Toda esta mierda que salió hoy por un SIMPLE DIARIO, aclaremos, perdías el diario y de ahí se armó todo ese bardo, porque te tiré el diario en la mesa -así te callés-. Todo el muro de ceguedad que me armo como torres alrededor, se cayó, se esparció como humo cuando corre viento, así de fácil. Así de fácil entiendo de dónde viene toda esa pena contenida que tengo todo el tiempo, y de la que me culpo a toda hora. Así entiendo que esa pena no viene sólo de este problemita, sino que viene porque acá no tenemos un sólo problema, tenemos varios. Que la única enfermita no soy yo, pero soy la única que toma pastillas para tratar de sobrevivir sin romper tanto las pelotas soy yo y aún así, problemitas acá, tenemos todos.
Así me voy cuenta de que mi corazón se atraganta con todas las verdades que no vomita.
Y no es que no las vomite porque no quiera, sino que será que estoy tan acostumbrada que ni me doy cuenta, ni me jode y por eso ando pensando en pelotudeces y preocupándome por idioteces horas y horas.
Y así de fácil, con cosas como estas, entiendo que no estoy bien, sino que estoy CÓMODAMENTE MAL. Mal, pero cómoda, tan cómoda que no me quiero ni levantar... Así de fácil.
Pero, después de la comida, cada quien agarra su rumbo y todo se resume a palabras monosilábicas que intercambiamos con vos, y nada más.
Igual, casi me causa gracia ahora, (que paré de llorar) como ante mis idiotizados ojos se revelan un par de verdades. Toda esta mierda que salió hoy por un SIMPLE DIARIO, aclaremos, perdías el diario y de ahí se armó todo ese bardo, porque te tiré el diario en la mesa -así te callés-. Todo el muro de ceguedad que me armo como torres alrededor, se cayó, se esparció como humo cuando corre viento, así de fácil. Así de fácil entiendo de dónde viene toda esa pena contenida que tengo todo el tiempo, y de la que me culpo a toda hora. Así entiendo que esa pena no viene sólo de este problemita, sino que viene porque acá no tenemos un sólo problema, tenemos varios. Que la única enfermita no soy yo, pero soy la única que toma pastillas para tratar de sobrevivir sin romper tanto las pelotas soy yo y aún así, problemitas acá, tenemos todos.
Así me voy cuenta de que mi corazón se atraganta con todas las verdades que no vomita.
Y no es que no las vomite porque no quiera, sino que será que estoy tan acostumbrada que ni me doy cuenta, ni me jode y por eso ando pensando en pelotudeces y preocupándome por idioteces horas y horas.
Y así de fácil, con cosas como estas, entiendo que no estoy bien, sino que estoy CÓMODAMENTE MAL. Mal, pero cómoda, tan cómoda que no me quiero ni levantar... Así de fácil.
I can't escape this hell.
¿Sabés qué, mamá? A vos también te odio. Te odio porque por tu culpa vivimos así. Porque nunca fuiste capaz de pelearla por nosotros, porque si fuera por tu esfuerzo en el mundo real (y me refiero a FUERA de tu casa), viviríamos abajo de un puente.
Detesto que nunca tuviste fuerzas para sacarnos adelante vos sola, porque siempre tuviste que estar pensando en que otros tenían que ayudarte. Porque nos hundiste en este pozo, con vos. Porque aún a pesar de todo eso, no exigís perfección. Exigís, exigís, exigís. Sólo vos tenés derecho a quejarte, a decepcionarte, a estar triste, a enojarte. Nosotros no. Yo no.
Yo no tengo por qué sentirme mal, yo no tengo por qué tener fobias, ni depresión, ni nada. Yo me hago la boluda porque te quiero hacer la contra, porque me gusta llamar la atención. A mí no me pasa nada, no tengo por qué sufrir, tengo todo yo. Y me lo decís tanto, que hasta yo me lo creo. ¿Por qué nunca me tuviste compasión, ni trataste de comprenderme o ponerte en mi lugar? ¿Por qué todo fueron reproches siempre? ¿Por qué mierda tiene que ser así? ¿Por qué me tuviste a mí? ¿Es porque supuestamente, hay que tener hijos para ser feliz? ¿Es porque si te casás y después no tenés hijos, los vecinos van a pensar mal de vos? ¿Por eso fue? Y sino es éso, ¿por qué fuiste tan egoísta de tenernos así? ¿Sabiendo que no eras suficientemente fuerte? Porque sabés, yo, así como estoy, nunca tendría un hijo, porque en primera, sé que saldría con genes de mierda como los míos, enfermito seguro, y porque además, no puedo ni conmigo, y no lo hundiría conmigo. ¿Por qué vos sí?
¿Por qué todo tuvo que salir mal? ¿Por qué de todas las opciones siempre se dio la peor? ¿Por qué todo esto me afecta tanto?
Parece que tengo quince años de nuevo, los odio a todos, hasta a mí; los odio y quiero desaparecer ya mismo de acá (de este infierno, en el que tanto me gusta estar).
Detesto que nunca tuviste fuerzas para sacarnos adelante vos sola, porque siempre tuviste que estar pensando en que otros tenían que ayudarte. Porque nos hundiste en este pozo, con vos. Porque aún a pesar de todo eso, no exigís perfección. Exigís, exigís, exigís. Sólo vos tenés derecho a quejarte, a decepcionarte, a estar triste, a enojarte. Nosotros no. Yo no.
Yo no tengo por qué sentirme mal, yo no tengo por qué tener fobias, ni depresión, ni nada. Yo me hago la boluda porque te quiero hacer la contra, porque me gusta llamar la atención. A mí no me pasa nada, no tengo por qué sufrir, tengo todo yo. Y me lo decís tanto, que hasta yo me lo creo. ¿Por qué nunca me tuviste compasión, ni trataste de comprenderme o ponerte en mi lugar? ¿Por qué todo fueron reproches siempre? ¿Por qué mierda tiene que ser así? ¿Por qué me tuviste a mí? ¿Es porque supuestamente, hay que tener hijos para ser feliz? ¿Es porque si te casás y después no tenés hijos, los vecinos van a pensar mal de vos? ¿Por eso fue? Y sino es éso, ¿por qué fuiste tan egoísta de tenernos así? ¿Sabiendo que no eras suficientemente fuerte? Porque sabés, yo, así como estoy, nunca tendría un hijo, porque en primera, sé que saldría con genes de mierda como los míos, enfermito seguro, y porque además, no puedo ni conmigo, y no lo hundiría conmigo. ¿Por qué vos sí?
¿Por qué todo tuvo que salir mal? ¿Por qué de todas las opciones siempre se dio la peor? ¿Por qué todo esto me afecta tanto?
Parece que tengo quince años de nuevo, los odio a todos, hasta a mí; los odio y quiero desaparecer ya mismo de acá (de este infierno, en el que tanto me gusta estar).
Esta es mi vida "perfecta"
-Sisí, vos te hacés muy la rebelde pero sos la que más me necesita después.
-¿Que no decís que TOOOOODO es para mí? No te quejés entonces, si me lo das todo.
-Sí, claro, y después vos sos la que me anda pidiendo.
-Y claro que te pido, porque tooooooooooodo es para mí.
-No me pidás más nada entonces.
-No te voy a pedir más nada, metete por el orto LOS DOCE MIL PESOS QUE COBRÁS.
Viejo imbécil, como te odio. Me di cuenta que te odio casi todo el tiempo, odio como hablás, como caminás, el silbido de mierda con el que nos aturdís a cada rato, el sonido asqueroso que hacés cuando comés, cuando tomás el vino de mierda que ingerís a litrajes todos los días. Te odio cuando te hacés el generoso, cuando te das de bueno con los demás, y por dentro sos un zángano. Te odio cuando te creés el rey y querés que te estemos sirviendo como lacayos. Odio que te quejés de la comida que hace mamá, que encima de que siempre la hace rica, la hace como puede, y bastante le cuesta con los 40° que hacen acá. Te odio cuando menospreciás lo que hacen los demás, aunque vos no hagás ni el 10% de eso. Te odio cuando empezás a alardear con los montones de guita que cobrás, por haber sido un comisario (hijo de puta, seguro) y a tu alrededor se cae la casa a pedazos. Odio cuando hablás de tus zapatos de mil pesos, y los trajes que te comprás en no sé donde, y nosotros andamos con ropa boliviana, con suerte. Pero sobre todo, odio cuando tenés el descaro de decir que nos das todo, y la realidad es que darnos $100 te parece una barbaridad. Como mucho, un pantalón y un par de zapatillas nos comprás AL AÑO. Nos das $10 para salir al centro, ¿DIEZ PESOS? ¿EN SERIO ME DECIS, SEÑOR COMISARIO MAYOR RETIRADO? ¿Diez pesos les das a tus nietos? Cuando una gaseosa de medio litro te sale como $7, ¿diez pesos? ¿Y te quejás encima? Enfermo mental, maldito.
Aún sacando cuentas y exagerando los precios de las cosas que comprás para esta, TU CASA, TU HOGAR, sumando todo, yo no creo que pasés de $5.000, ¿y los otros $7.000? Y no sé, los gastarás en putas, en la vieja esa a la que le dejaste tu bastarda o no sé en qué, pero acá no. Y no me digás que acá gastás $12.000 porque es MENTIRA. ES MENTIRA.
Y decís que no te alcanza, que nos pasamos nosotros. Descarado, hijo de puta, te odio. Si con $12.000 no te alcanza a vos, ¿qué mierda le va a alcanzar a mamá si cobra como $2.000? Y querés que ella te de plata encima, psicópata del orto.
Y a veces, hacés un pequeño acto bueno, y creo que te quiero, creo que al final, no sos tan mala persona, pero, la realidad es que ese cariño, es como el de un méndigo al que le tiran un pedazo de pan; es un poquito de agradecimiento y mucha bronca.
No te quiero, estoy acostumbrada a vos. O pará, sí, capaz que un poquito te quiero, te tengo que querer, te debo querer porque SOS UNA MIERDA, igual que yo.
-¿Que no decís que TOOOOODO es para mí? No te quejés entonces, si me lo das todo.
-Sí, claro, y después vos sos la que me anda pidiendo.
-Y claro que te pido, porque tooooooooooodo es para mí.
-No me pidás más nada entonces.
-No te voy a pedir más nada, metete por el orto LOS DOCE MIL PESOS QUE COBRÁS.
Viejo imbécil, como te odio. Me di cuenta que te odio casi todo el tiempo, odio como hablás, como caminás, el silbido de mierda con el que nos aturdís a cada rato, el sonido asqueroso que hacés cuando comés, cuando tomás el vino de mierda que ingerís a litrajes todos los días. Te odio cuando te hacés el generoso, cuando te das de bueno con los demás, y por dentro sos un zángano. Te odio cuando te creés el rey y querés que te estemos sirviendo como lacayos. Odio que te quejés de la comida que hace mamá, que encima de que siempre la hace rica, la hace como puede, y bastante le cuesta con los 40° que hacen acá. Te odio cuando menospreciás lo que hacen los demás, aunque vos no hagás ni el 10% de eso. Te odio cuando empezás a alardear con los montones de guita que cobrás, por haber sido un comisario (hijo de puta, seguro) y a tu alrededor se cae la casa a pedazos. Odio cuando hablás de tus zapatos de mil pesos, y los trajes que te comprás en no sé donde, y nosotros andamos con ropa boliviana, con suerte. Pero sobre todo, odio cuando tenés el descaro de decir que nos das todo, y la realidad es que darnos $100 te parece una barbaridad. Como mucho, un pantalón y un par de zapatillas nos comprás AL AÑO. Nos das $10 para salir al centro, ¿DIEZ PESOS? ¿EN SERIO ME DECIS, SEÑOR COMISARIO MAYOR RETIRADO? ¿Diez pesos les das a tus nietos? Cuando una gaseosa de medio litro te sale como $7, ¿diez pesos? ¿Y te quejás encima? Enfermo mental, maldito.
Aún sacando cuentas y exagerando los precios de las cosas que comprás para esta, TU CASA, TU HOGAR, sumando todo, yo no creo que pasés de $5.000, ¿y los otros $7.000? Y no sé, los gastarás en putas, en la vieja esa a la que le dejaste tu bastarda o no sé en qué, pero acá no. Y no me digás que acá gastás $12.000 porque es MENTIRA. ES MENTIRA.
Y decís que no te alcanza, que nos pasamos nosotros. Descarado, hijo de puta, te odio. Si con $12.000 no te alcanza a vos, ¿qué mierda le va a alcanzar a mamá si cobra como $2.000? Y querés que ella te de plata encima, psicópata del orto.
Y a veces, hacés un pequeño acto bueno, y creo que te quiero, creo que al final, no sos tan mala persona, pero, la realidad es que ese cariño, es como el de un méndigo al que le tiran un pedazo de pan; es un poquito de agradecimiento y mucha bronca.
No te quiero, estoy acostumbrada a vos. O pará, sí, capaz que un poquito te quiero, te tengo que querer, te debo querer porque SOS UNA MIERDA, igual que yo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
